Asia Central: Transoxiana (Mawarannahr) y Corasmia:
EMIRATO DE BUJARÁ:
_Protectorado del Imperio Ruso (1868-1917)_
Abdul-Ahad bin Muzaffar al-Din (1886-1911)
Tenga de plata.
AH 1308 (1891).
16,00 mm; 3,14 g.
A/: "Amir Haidar, el difunto; que seas siempre alabado 1308".
R/: "Acuñada en la Noble Bukhara en 1308".
KM #75; [VF-]
Tras la derrota militar de 1868 y la pérdida de Samarcanda, el emirato de Bujará quedó atado a la voluntad de San Petersburgo: su política exterior pasó a depender del Gobernador General de Turkestán, y desde 1873 un agente político ruso residente vigilaba de cerca cada decisión del emir. Puertas adentro, sin embargo, la vida siguió con sorprendente normalidad: los emires Muzaffar, Abd al-Ahad y Muhammad Alim Khan conservaron intacta su autoridad religiosa y administrativa, e incluso siguieron acuñando su propia moneda de oro y plata sin interrupción, como si el protectorado apenas rozara la superficie del viejo orden. Fue una independencia a medias, cómoda para ambas partes: Rusia se aseguraba estabilidad y acceso comercial sin cargar con la administración directa del emirato, mientras el emir conservaba su trono y sus privilegios a cambio de no desafiar jamás al poder que lo sostenía. Ese equilibrio, tan duradero como frágil, se sostuvo casi medio siglo, hasta que la propia caída del Imperio Ruso en 1917 dejó al emirato repentinamente sin el amo que había definido su lugar en el mundo durante cincuenta años.
$120.000,00
Asia Central: Transoxiana (Mawarannahr) y Corasmia:
EMIRATO DE BUJARÁ:
_Protectorado del Imperio Ruso (1868-1917)_
Abdul-Ahad bin Muzaffar al-Din (1886-1911)
Tenga de plata.
AH 1308 (1891).
16,00 mm; 3,14 g.
A/: "Amir Haidar, el difunto; que seas siempre alabado 1308".
R/: "Acuñada en la Noble Bukhara en 1308".
KM #75; [VF-]
Tras la derrota militar de 1868 y la pérdida de Samarcanda, el emirato de Bujará quedó atado a la voluntad de San Petersburgo: su política exterior pasó a depender del Gobernador General de Turkestán, y desde 1873 un agente político ruso residente vigilaba de cerca cada decisión del emir. Puertas adentro, sin embargo, la vida siguió con sorprendente normalidad: los emires Muzaffar, Abd al-Ahad y Muhammad Alim Khan conservaron intacta su autoridad religiosa y administrativa, e incluso siguieron acuñando su propia moneda de oro y plata sin interrupción, como si el protectorado apenas rozara la superficie del viejo orden. Fue una independencia a medias, cómoda para ambas partes: Rusia se aseguraba estabilidad y acceso comercial sin cargar con la administración directa del emirato, mientras el emir conservaba su trono y sus privilegios a cambio de no desafiar jamás al poder que lo sostenía. Ese equilibrio, tan duradero como frágil, se sostuvo casi medio siglo, hasta que la propia caída del Imperio Ruso en 1917 dejó al emirato repentinamente sin el amo que había definido su lugar en el mundo durante cincuenta años.
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